
Lo que antes eran lugares de gran adoración y devoción a Dios, se han convertido en monumentos turísticos. Cuando tu manera de relacionarte con Dios se convierte en rutina, deja de ser una manifestación de amor. Dios se convierte en un monumento más a la cual puedes visitar cuando tienes tiempo libre. Manifestó Dios su amor para con nosotros, mandando a su hijo Jesús. Jesús es la manifestación de amor para con el mundo entero; para con tu vida. Cuando dejamos de manifestar amor, dejamos de representar a Dios. Dios no es un monumento. La creación aguarda la manifestación de los hijos de Dios.
¿Cómo vivirás tu vida? ¿Serás un monumento del pasado ó una manifestación del amor de Dios para las futuras generaciones?
Les amamos,
Aaron y Mary Carmen
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